viernes, 3 de marzo de 2017

La aventura de Marie




Erase una vez una valiente y curiosa niña que se llamaba Marie.
Todas las tardes, después del colegio pasaba a buscar a su amigo Pedro, que era muy listo y que preparaba unas meriendas espectaculares. Subían al desván de casa de Marie para jugar. El desván estaba lleno de cacharros viejos de todo tipo. ¡Era superdiviertido! Porque cada día se convertían en personajes diferentes. A veces eran personas que se dedicaban a la curar pacientes, otras eran animales fantásticos, otras exploraban lugares lejanos…
Esta tarde María se había disfrazado de exploradora y Pedro de detective. Habían descubierto un libro muy viejo. Contaba la historia de una princesa  increíble que consiguió salvar a su reino gracias a su esfuerzo y su conocimiento enorme de la Ciencia. La princesa vivía en las afueras de la comarca y en su castillo se encontraba a la mejor “casa de la ciencia”  jamás vista.
Marie y Pedro tenían una misión. Iban a buscar el castillo. Estaba solo a seis kilómetros de su casa, según el mapa que encontraron en la contraportada del viejo libro. Así, que hacia allí se dirigieron.
Pedro, cansado, después de una hora de camino intentó convencer a Marie de que era tarde y debían volver a casa. Le prometió hacerle tortitas si volvían a tiempo. Marie, que conocía bien a su amigo, lo alentó para que no desfalleciera, y lo agarro fuerte de la mano.
Y ¡Por fin llegaron al castillo!
Entraron y se subieron hasta la sala donde estaba la princesa. Tenía el pelo corto, gafas de color azul, unos vaqueros gastados y una camiseta negra. Leía un libro grande “Misterios de la Ciencia”
Se sorprendió al ver a los niños.
– ¿Quiénes  sois y qué  hacéis aquí?
­­– ¡Venimos a conocerte! Hemos encontrado un libro que cuenta la historia de tu reino, y de cómo salvaste a todos los habitantes gracias a tu conocimiento de la ciencia y  cómo vivís  ahora felices. –respondió Marie sonriendo.
La princesa miró extrañada a los niños.
–Es imposible– dijo. –Desde pequeña me han educado para ser la reina perfecta. Sé bordar, tocar el piano, recibir a los invitados, y leer poesía en voz alta. Están buscando un príncipe fuerte y valiente para casarme con él. ¡Qué horror!– Se lamentó y suspiró con cara de tristeza. – Lo único que hago, cuando no se dan cuenta, es coger libros de la gran biblioteca y leer. Me encanta la ciencia y la investigación.
Entonces, ¡eres tú! –gritó Pedro– el libro que nos trae hasta aquí te describe tal cual.
–Y habla de esa famosa biblioteca y de ¡una trampilla oculta! que conduce al mejor laboratorio del mundo–exclamó entusiasmada  Marie.
A la princesa se le iluminó la cara. ¿Y si eran cierto lo que contaba ese libro?
Fueron corriendo a la biblioteca. Ilusionadas ellas y algo asustado Pedro recorrieron cada palmo... y ¡Oh sorpresa!
¡Una trampilla oculta bajo una alfombra!
Bajaron, y ¡qué impresión! Allí estaba el laboratorio más increíble del mundo.
Y ya sabían por el libro viejo del desván de Marie que la princesa iba a luchar contra el destino que tenían su familia preparado para ella. Y que iba a convertirse en una gran investigadora y salvaría a toda la gente de su reino.
Marie y Pedro decidieron ayudarla. Ahora en vez de en el desván de casa de Marie,  iban todas las tardes al castillo de la Princesa Hipatia. Eso sí, ¡en bicicleta!


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